Una compañera de mis cursos de Coaching, Elisa Martínez de Miguel, socia de Neumann Internacional AG, y que comenta libros en Orbyt, el periódico digital de pago de El Mundo, nos ha mandado su último escrito, acerca del libro de Antonio Díaz Deus “El coach como chamán”.
Os dejo su publicación, porque aunque el libro esté orientado a los profesionales que se dedican a esta disciplina, y sin intención de vender nada, creo que refleja perfectamente las realidades en las que nos movemos y nos hará reflexionar acerca de ellas, incluso sin un coach.
“Con este libro tenemos entre las manos una guía profesional de cómo se debe realizar un buen proceso de Coaching, lleno de metodología y sistemática, proveyendo a los futuros coaches de herramientas para que vayan construyendo su propia identidad. El objetivo del libro es dignificar la profesión del Coach. Está principalmente centrado en aumentar la conciencia, se menciona que el Coach debe ser consciente de su intervención y hacer que el cliente sea consciente de su realidad. Hay quién defiende que el cuarto cerebro es la conciencia, ¿qué hay que hacer para que esa conciencia aflore?
El libro explica tres tipos principales de Coaching: Remediativo o por Objetivos, Generativo y Sistémico, defendiendo un modelo Integrativo que unifica criterios, fusionando y estableciendo conexiones entre los distintos modelos.
Enfoca la profesión de Coach como una vocación al servicio, a la calidad humana, a la humanización de las organizaciones, mencionando que estas tienen que transitar hacia un mundo más equilibrado ya que su éxito solo es sostenible haciendo trabajadores felices, un sistema más integrado y sostenible que el actual. Muchos de los valores actuales son provocados por el entorno en que nos movemos y vivimos, la agresión es una respuesta a los retos del entorno.
La educación en general no está diseñada para dar poder a las personas, sino mas bien para promover un espíritu competitivo, para generar estatus distintos entre los que tienen un título y los que no lo tienen, para proveer al mercado de trabajo con individuos obedientes y disciplinados, evitando que las personas puedan pensar por sí mismas. Con esta situación nos encontramos en el momento actual, enfrentados al reto de la incertidumbre del mercado y necesitando ejecutivos creativos, con compromiso y talento, pero encontrándonos en muchos casos con personas acomodadas, dependientes o conflictivas.
El autor explica como el Coaching tiene un poder transformador tanto en las personas como en las organizaciones, la función del Coach es acompañar a otros en su transformación, manejando escenarios futuros y generando nuevos comportamientos en el cliente. Este libro te lleva por un recorrido sobre la transformación a través del Coaching. El Coach guía al cliente en un proceso de feed forward, para que éste construya sus comportamientos deseados, la construcción de la realidad deseada por parte del cliente activa su cerebro de forma que ayuda en la concreción de las acciones. Adoptar nuevas creencias o perspectivas sobre la realidad, es crucial para poder incorporar nuevos comportamientos y actitudes. Llevar al cliente a percibir la realidad desde otro sitio le permite asumir emociones proactivas y enfocarse en la solución.
El Coach debe trabajar sobre los tres yoes del cliente: el mental, el instintivo y el emocional. Habitualmente una persona, ya sea por sus genes o la educación temprana que ha recibido tiene tendencia a observar la realidad desde unas ideas, juicios, modelos mentales, emociones, sentidos o instintos propios. Seleccionamos el tipo de información que nos interesa en cada momento.
El Coach trabaja en limpiar la mente de ideas establecidas, juicios, creencias e interpretaciones con el objetivo de cambiar la percepción que el cliente tiene de algunos temas y así cambiar sus comportamientos y actitudes, pasando de un enfoque en el problema a un enfoque en la solución. Lograr que el cliente se involucre en el proceso, que sea proactivo y que asuma el compromiso de sus acciones es uno de los mayores retos de un proceso de Coaching. Los cambios en el cliente suelen ser evidentes a medida que se van desarrollando las sesiones.
El Coach ayuda al cliente a construir su futuro, se involucra lucha y establece trayectorias de desarrollo para su cliente. Es importante visualizar el futuro de cada cliente y sumar intención actitud y voluntad, hemos de hacer un inventario de nuestros recursos, indagar en nuestra personalidad y desarrollarla. “Los individuos nacen dotados de la posibilidad de participar activamente en el diseño de su propia forma de ser” R. Echevarría 2008.
Por último el autor explica de manera clara y concisa tres herramientas: La Terapia Gestalat, el Eneagrama, y el PNL, tres herramientas muy útiles y valiosas, que aportan luz sobre los comportamientos de las personas, sus motivos, intenciones, y estructuras de carácter, que ayudarán al Coah en los procesos que desarrolle.
Muchos procesos de Coaching comienzan con un assesment, una evaluación del cliente basado en su desempeño actual, en sus competencias, en sus áreas de fortaleza y de mejora. Por eso es necesaria la existencia de un Coach que acompañe al cliente en su proceso de transformación. Tras un proceso de Coaching el cliente se encuentra con una nueva realidad, con una nueva historia de sí mismo.
Este libro es una asombrosa compilación de conocimientos sobre el Coaching digna de ovación, la experiencia, vivencias y sentido común del autor se plasman a través de todo el libro. Pero no es un libro para iniciados si no más bien para coaches experimentados. Es cierto que los iniciados pueden sacar ideas y reflexiones muy interesantes que le ayudarán en su labor como coaches, pero se encontrarán con capítulos mas centrados en metodología especializada que les resultará duro de leer. Para todos aquellos que les interese el mundo del coaching es sin duda es un libro que merece la pena leer, subrayar y hacer anotaciones al margen ya que se puede llegar a convertir en una guía para desarrollar esta digna profesión con éxito.”
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16 de marzo de 2011
5 de noviembre de 2010
El miedo al cambio
El miedo es un sentimiento que convive con el ser humano a diario. La mayoría de nosotros no lo admitiríamos porque parece que nos debilita. O por vergüenza. O simplemente porque ni siquiera nos enfrentamos a él, lo evitamos en cuanto hay síntomas de que aparezca y creemos que así somos más fuertes. Pero sin combate no hay victoria.
Según diferentes estudios realizados, los miedos más comunes son el miedo a hablar en público (a hacer el ridículo), el miedo a la muerte, a la oscuridad y a las alturas. Pero, para mí, existe un miedo mucho mayor a todos estos y que se ha instalado en la Sociedad actual: el miedo al cambio.
Toda nuestra vida se compone de cambios, personales y profesionales. Desde que nacemos hasta que morimos vamos superando etapas, situaciones y relaciones que nos permiten evolucionar. Incluso cuando buscamos estabilidad en algún aspecto, por ejemplo en el trabajo, es porque sentimos la necesidad de buscar cambios en otros matices de la vida y pensamos que con todo no podríamos.
El cambio es bueno y necesario. Entonces ¿por qué nos cuesta tanto? La respuesta es simple: “porque nos saca de nuestra zona de confort”. El crecimiento requiere esfuerzo, y cada día estamos más cansados. Pero es que mantenernos en esa cómoda zona que dominamos también demanda trabajo, en este caso mental. Acepto y admiro a las personas que tras un largo viaje a su interior decidan que lo que tienen es suficiente para su felicidad y vivan en consecuencia. Lo que no aguanto es a esos otros que por vagancia, dejadez o, pereza o desgana, venden el mismo discurso. Principalmente porque llevan la amargura en su rostro.
El miedo aparece cuando percibimos el riesgo en nuestra economía o nuestra estabilidad familiar o emocional, y, por supuesto, imaginamos que será de forma negativa. Nos vemos incapaces de lidiar con esos sentimientos y los transformamos en escusas que controlamos: no es tan importante, nos falta experiencia, no tenemos conocimientos suficientes, es demasiado arriesgado, etc. o el “más vale malo conocido que bueno por conocer”, que se han encargado de grabarnos a sangre y fuego nuestros mayores. Y lo peor es que solemos acabar enfadados porque ni lo hemos intentado.
Decía Luis Felipe Noé que “si se nos debe condenar es preferible que se nos haga por habernos equivocado que por haber sido inútiles”. Sin cambios nos enfrentamos a una vida constante, sin subidas ni bajadas y sin alegrías ni tristezas. En definitiva, a una vida sin chispa. Por eso debemos avanzar, arriesgar, lanzarnos a lo desconocido. Y la única manera de sentirnos capaces de llegar a buen puerto es asumir nuestro miedo, con la confianza de que pase lo que pase será una experiencia que nos hará crecer.
Hay que superar esa incertidumbre que nos provoca el no saber qué nos encontraremos después. Analizar nuestros sentimientos, afrontarlos y aceptarlos, son el primer paso para caminar seguro en esta senda. No voy a vender el coaching ahora, pero como me decía una amiga el otro día “es que yo no soy capaz de hacerme las preguntas que tú me haces.”
Ahora pregúntate tú: ¿si no tuvieras miedo que harías en tu vida?, ¿cómo sería si lo hicieras?, ¿qué te aportaría?, ¿hacia dónde te llevaría?
Según diferentes estudios realizados, los miedos más comunes son el miedo a hablar en público (a hacer el ridículo), el miedo a la muerte, a la oscuridad y a las alturas. Pero, para mí, existe un miedo mucho mayor a todos estos y que se ha instalado en la Sociedad actual: el miedo al cambio.
Toda nuestra vida se compone de cambios, personales y profesionales. Desde que nacemos hasta que morimos vamos superando etapas, situaciones y relaciones que nos permiten evolucionar. Incluso cuando buscamos estabilidad en algún aspecto, por ejemplo en el trabajo, es porque sentimos la necesidad de buscar cambios en otros matices de la vida y pensamos que con todo no podríamos.
El cambio es bueno y necesario. Entonces ¿por qué nos cuesta tanto? La respuesta es simple: “porque nos saca de nuestra zona de confort”. El crecimiento requiere esfuerzo, y cada día estamos más cansados. Pero es que mantenernos en esa cómoda zona que dominamos también demanda trabajo, en este caso mental. Acepto y admiro a las personas que tras un largo viaje a su interior decidan que lo que tienen es suficiente para su felicidad y vivan en consecuencia. Lo que no aguanto es a esos otros que por vagancia, dejadez o, pereza o desgana, venden el mismo discurso. Principalmente porque llevan la amargura en su rostro.
El miedo aparece cuando percibimos el riesgo en nuestra economía o nuestra estabilidad familiar o emocional, y, por supuesto, imaginamos que será de forma negativa. Nos vemos incapaces de lidiar con esos sentimientos y los transformamos en escusas que controlamos: no es tan importante, nos falta experiencia, no tenemos conocimientos suficientes, es demasiado arriesgado, etc. o el “más vale malo conocido que bueno por conocer”, que se han encargado de grabarnos a sangre y fuego nuestros mayores. Y lo peor es que solemos acabar enfadados porque ni lo hemos intentado.
Decía Luis Felipe Noé que “si se nos debe condenar es preferible que se nos haga por habernos equivocado que por haber sido inútiles”. Sin cambios nos enfrentamos a una vida constante, sin subidas ni bajadas y sin alegrías ni tristezas. En definitiva, a una vida sin chispa. Por eso debemos avanzar, arriesgar, lanzarnos a lo desconocido. Y la única manera de sentirnos capaces de llegar a buen puerto es asumir nuestro miedo, con la confianza de que pase lo que pase será una experiencia que nos hará crecer.
Hay que superar esa incertidumbre que nos provoca el no saber qué nos encontraremos después. Analizar nuestros sentimientos, afrontarlos y aceptarlos, son el primer paso para caminar seguro en esta senda. No voy a vender el coaching ahora, pero como me decía una amiga el otro día “es que yo no soy capaz de hacerme las preguntas que tú me haces.”
Ahora pregúntate tú: ¿si no tuvieras miedo que harías en tu vida?, ¿cómo sería si lo hicieras?, ¿qué te aportaría?, ¿hacia dónde te llevaría?
4 de noviembre de 2010
El pensamiento genera nuestro destino
Revisando archivos guardados para poner la frase del día me he encontrado con esta reflexión, que parece atribuible a Frank Outlaw:
"Vigila tus pensamientos,
se convierten en palabras.
Vigila tus palabras,
se convierten en acciones.
Vigila tus acciones,
se convierten en hábitos.
Vigila tus hábitos,
se convierten en carácter.
Vigila tu carácter,
se convierte en destino."
se convierten en palabras.
Vigila tus palabras,
se convierten en acciones.
Vigila tus acciones,
se convierten en hábitos.
Vigila tus hábitos,
se convierten en carácter.
Vigila tu carácter,
se convierte en destino."
Que viene más o menos a “defender” la Ley de la Atracción: atraes lo que piensas.
Tengo claro que los pensamientos influyen en la vida de las personas. No hay nada que hagamos que no hayamos imaginado antes. Primero lo “construimos” en nuestra mente y luego le damos cuerpo. El poder creador del pensamiento es indiscutible, y está claro que según sea la calidad de tus “imágenes” así será la calidad de los resultados.
Recuerdo haber leído hace tiempo que el ser humano tiene más de 65.000 pensamientos al día. Nuestra mente no descansa nunca: de día ocupada con nuestro monólogo interno y de noche procesando lo vivido durante el sueño. ¿Te has preguntado alguna vez cuántos de esos miles de pensamientos fortalecen tu vida y cuántos son saboteadores?
La mente debe ser una herramienta a nuestro favor, no debemos permitirle que nos domine o perjudique. Unos minutos de pensamientos negativos bastan para que el rostro se apague, se nos frunza el ceño, nos descarguemos de energía, dejemos de hacer cosas y entremos en estado de apatía.
Cuida y vigila tus pensamientos, ellos determinan tu forma de actuar y tu futuro. Y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino.
Os dejo con otra reflexión:
“Si piensas que estás vencido, lo estarás.
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar,
pero que no puedes, no lo lograrás,
porque en el mundo encontrarás que
el éxito comienza con la voluntad del hombre.
Si piensas que perderás ya has perdido.
Todo está en el estado mental.
Porque muchas carreras se han perdido
antes de haber corrido.
Y muchos cobardes han fracasado
antes de haber empezado su trabajo.
Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y quedarás atrás.
Si piensas que estás adelante, lo estarás.
Tienes que pensar bien para elevarte.
Tienes que estar seguro de ti mismo,
antes de intentar ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana
el hombre más fuerte o el más ligero,
porque tarde o temprano el hombre que gana
es aquel que cree poder hacerlo.”
Si piensas que no te atreves, no lo harás.
Si piensas que te gustaría ganar,
pero que no puedes, no lo lograrás,
porque en el mundo encontrarás que
el éxito comienza con la voluntad del hombre.
Si piensas que perderás ya has perdido.
Todo está en el estado mental.
Porque muchas carreras se han perdido
antes de haber corrido.
Y muchos cobardes han fracasado
antes de haber empezado su trabajo.
Piensa en grande y tus hechos crecerán.
Piensa en pequeño y quedarás atrás.
Si piensas que estás adelante, lo estarás.
Tienes que pensar bien para elevarte.
Tienes que estar seguro de ti mismo,
antes de intentar ganar un premio.
La batalla de la vida no siempre la gana
el hombre más fuerte o el más ligero,
porque tarde o temprano el hombre que gana
es aquel que cree poder hacerlo.”
Y ahora ¿en qué estás pensando?
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