Dirigida a IEN Politécnica en el día de mi despedida.
Hoy, después de tantos años, llega el día de la separación.
Posiblemente no llegarás a leer nunca esta carta, ni yo la habré escrito jamás.
Pero me quedan tantas cosas por decir que no puedo callar, aunque las palabras
no lleguen a mis labios.
A partir de hoy te veré en la distancia, mientras las
lágrimas empañan mis ojos. Mis manos estarán a tu servicio, aunque ya no puedan
acariciarte. Y mis oídos seguirán escuchando tu voz, aunque no vuelvas a
susurrarme. No podré olvidarte, no. Porque sólo tú y yo sabemos lo que hemos
vivido estos años, lo que nuestras vidas han compartido, y todo lo que nos
entregamos.