Cuando aparece un problema, se produce un fallo o simplemente las cosas
no van como quisiéramos, es muy típico en la cultura española ponernos a buscar,
en primer lugar, al culpable. O más bien, gastar todos los recursos que
necesitemos para dejar claro que no ha sido por nuestra causa. ¿No sería más
lógico, y útil, encontrar primero la solución?
Siempre que surge un problema en
una empresa solemos elegir la peor alternativa: lanzarnos a buscar al culpable,
en lugar de ponernos a resolverlo. Y lógicamente cada empleado centra sus
esfuerzos en que no sea él el que acabe siendo señalado con el dedo. Perdemos
tiempo y recursos en una búsqueda que poco o nada van a aportar a la solución.